5/9 – Especializarme

“Solo sé que no se nada”, Sócrates.


¿Cuál es tu propuesta de valor en un escenario donde todo cambia permanentemente? ¿Hasta dónde estás dispuesto a profundizar?


En el mundo del trabajo existen infinidad de profesiones; en algunas de ellas se trabaja utilizando más las habilidades manuales, en otras se prioriza el conocimiento teórico, sea cual sea el caso, ¿qué nos distingue en ellas como profesionales?, ¿qué es lo que nos hace diferentes al resto? Desde luego que nuestro talento y esfuerzo son importantes, así como también ser ordenado y disciplinado. Ahora bien, ¿es lo mismo un profesional que se dedica a varias disciplinas que uno que se instruye de manera especializada en una? Claro que tener el mayor conocimiento posible en materias diversas suma para nuestra evolución personal, aunque cuando de trabajo se trata, profundizar todo lo que podamos en nuestra actividad principal es lo que nos va a garantizar tener mejores resultados. Leonardo Da Vinci fue pintor y pensador. Científico y visionario. Ingeniero, arquitecto, escritor y biólogo. Y en sus ratos libres, por si fuera poco, también creaba recetas de cocina. En su búsqueda por encontrar “el principio y fin de todas las cosas”, alcanzó a principios del Siglo XVI el máximo saber en casi todas las disciplinas del conocimiento existentes en su época. Sin dudas Da Vinci fue un genio. Pero seguramente hasta a él se le complicaría, hoy en día, dominar la totalidad de las disciplinas existentes. La carrera del conocimiento humano ha tomado un ritmo vertiginoso, sobre todo en las últimas décadas. La llegada de Internet y la digitalización del conocimiento han impulsado como nunca la evolución de la mayoría de las actividades, configurando un mundo cada vez más especializado y competitivo. Para la generación de nuestros padres, obtener un título universitario o dominar una profesión representaba un trabajo para toda la vida. Hoy en día el desarrollo del conocimiento es tal, que esa concepción de la formación profesional ha cambiado, y para ser competitivos y triunfar en el mundo laboral es preciso evolucionar continuamente. Por eso resulta tan importante innovar y profundizar para crecer en nuestra profesión acompañando nuestro crecimiento personal.
Como en la fábula de la liebre y la tortuga, el talento si no es acompañado de esfuerzo y superación no representa más que una ventaja inicial. Es sumamente valiosa dicha ventaja, pero a lo largo de la carrera podría diluirse si somos alcanzados por otros corredores, quizás menos talentosos en el ámbito donde estemos compitiendo, pero que sí supieron desarrollar sus aptitudes y capacidades mediante el esfuerzo y la superación personal. Esos otros corredores no solo terminarán mejor posicionados en esa carrera, sino que, además lo harán aprendiendo más sobre sí mismos y quedando mejor preparados para la siguiente. El filósofo chino Confucio decía ¨Elije un trabajo que te guste y nunca más tendrás que trabajar¨. Si bien no hace falta tomar esta frase de manera literal, sí podemos pensarla como una forma de integrar nuestro trabajo de la mejor manera a nuestras vidas. Lo ideal es lograr alinear nuestros talentos con nuestra vocación, ya que muchas veces podemos ser buenos en algo a lo que nos dedicamos, pero que no representa nuestro deseo más profundo, esa ocupación que nos llena y nos hace perder la noción del tiempo cuando nos dedicamos a ella. En muchos casos ese “llamado” de la vocación no es claro o suficientemente fuerte, o quizás, por más que nos esforcemos, nuestra vocación no representa un medio para desarrollarnos económicamente, lo que sin dudas es un factor fundamental para alcanzar nuestro bienestar personal. Sin embargo ese no es ningún impedimento para vivir con pasión nuestra profesión o actividad laboral, de forma integrada y en armonía como un todo, donde nos realizamos aplicando nuestros talentos y nos superamos como profesionales y como personas. Podemos trabajar en un rubro diferente al que quisiéramos y ahí mismo desarrollar lo que nos moviliza, dado que el mundo laboral está cambiando y la dimensión creativa del ser humano es cada vez más relevante y demandada.
La Dra. Montessori, médica y educadora italiana, creadora de una innovadora corriente educativa, sostenía que: “La meta de la educación no debe ser llenar al niño con datos académicos seleccionados, sino cultivar su deseo natural por aprender”.
Quizás de niños no tuvimos la posibilidad de contar con docentes ni programas educativos de este tipo, pero podemos ser conscientes de eso y recuperar nuestro deseo natural por aprender y mejorar en lo que hacemos.
El camino es de cada uno. Es posible que contemos con los últimos conocimientos técnicos en nuestra disciplina y sean otros los obstáculos que nos impiden progresar. Por eso hoy las fuentes de conocimiento no se limitan solo a los saberes académicos tradicionales ni a las estructuras de carreras, posgrados y maestrías. El autoconocimiento es, por ejemplo, un factor fundamental para conocer los recursos con los que contamos y sobre todo nuestros puntos débiles, aquellos aspectos que debemos mejorar para superarnos. Son muchas las disciplinas a las que podemos recurrir para eso y todas tienen su parte de valor. Encontrar lo que necesitamos hoy para seguir creciendo depende exclusivamente de nosotros. Conocer un poco de todo lo que podamos nos va a ayudar, pero especializarnos sobre la profesión en la que estemos puede hacer la diferencia.

Javier Carrizo