Un futuro sustentable requiere consolidar vínculos sostenibles

El nuevo escenario mundial y sus problemáticas actuales modificaron el modo en el que llevamos nuestra vida personal y profesional. Videollamadas con nuestros familiares y amigos para festejar cumpleaños; trabajo de oficina en nuestros hogares; clases y eventos virtuales son algunas de las situaciones a las que tuvimos que adaptarnos en este último tiempo. 

Si algo quedó claro en este contexto es el valor fundamental de los vínculos y nuestra necesidad de estar “conectados”, pese a todos los obstáculos, para poder seguir adelante. 

Desarrollo sustentable 

Lentamente el mundo está superando la crisis sanitaria y los índices de actividad económica global reflejan este firme camino de recuperación. Sin embargo, nuevos desafíos nos interpelan como humanidad, particularmente uno conocido por todos, pero que ya no puede ser postergado, y es el del desarrollo sustentable. Donde nuevamente los vínculos juegan un rol central. 

Este nuevo desafío nos exige ser capaces de valernos por nosotros mismos sin dañar lo que nos rodea, preservando los recursos para que las próximas generaciones puedan desarrollar sus actividades. Trabajar de manera eficaz para que los tres pilares -el social, el económico y el ambiental-, estén alineados, mejorando nuestra calidad de vida actual y futura. 

La magnitud del cambio que plantea diseñar un esquema de desarrollo sustentable de estas características es tan grande, que necesariamente involucra a absolutamente todos los sectores de la actividad económica, de la sociedad y, desde luego, a cada uno de nosotros como individuos.

Alinear todas estas voluntades demandará un gran esfuerzo, donde nuestra capacidad de generar vínculos sostenibles será fundamental y la base de toda transformación.

Vincularnos en este sentido implica gestionarnos de forma tal que nuestra relación con los otros siempre sea de una manera constructiva. Porque son tantos los cambios necesarios que, indudablemente, surgirán continuamente conflictos de intereses a resolver, donde todas las partes tendrán su cuota de razón, y todos nos veremos ante la necesidad de ceder en algún aspecto, así como de afirmarnos en otros, para poder seguir evolucionando, siempre con el bien común como objetivo final. 

Una nueva mirada 

Claramente las bases de nuestra educación tradicional no fueron pensadas para brindarnos herramientas útiles para abordar estos contextos. Educarnos para ser sostenibles en nuestros vínculos requiere que nos entrenemos desde lo personal, ya que convertirnos en personas con vínculos duraderos hará que, inevitablemente, también seamos profesionales sustentables en nuestras organizaciones. 

En este punto, puede resultar útil tomar como ejemplo el mismo orden natural que necesitamos preservar. Diversos estudios han demostrado que los árboles, seres vivos vitales para nuestra supervivencia, sean o no de la misma especie se ayudan entre sí, siendo capaces de compartir recursos como carbono, agua o nitrógeno. De esta forma los árboles establecen distintos tipos de lazos capaces de conformar un sistema que preserva su vida y es fuerte frente a los cambios y, de esta manera, árboles más antiguos sobreviven gracias a los más jóvenes. 

También podemos observar lo que sucede cuando en un terreno con maleza sembramos césped de buena calidad. Con el tiempo el pasto nuevo, cargado de buenos nutrientes, se expande cubriendo todo el terreno haciendo del mismo un suelo más favorable. De igual forma, en un equipo de trabajo, las buenas prácticas de las personas pueden lograr contagiar positivamente la cultura de la organización. 

Si logramos replicar este tipo de vínculos en nuestra vida personal y profesional, tendremos la oportunidad de echar raíces firmes que nos permitan soportar los fuertes vientos de cambio que enfrentaremos como humanidad. El todo es más que las suma de las partes, y solo a través de un compromiso integral podremos afrontar este gran desafío. 

Artículo publicado originalmente el 21 de julio de 2021 en El Economista