Romper nuestro algoritmo para evolucionar

De un tiempo a esta parte, comenzamos a familiarizarnos con la palabra “algoritmo”, un término cuyo origen se remonta a la edad media y que corresponde a la traducción al latín de “Al-Khwarizmi”, nombre del matemático y astrónomo árabe que en el Siglo IX escribió un tratado sobre “manipulación de números y ecuaciones”, donde hace referencia a este “grupo finito de operaciones organizadas de manera lógica y ordenada que permite solucionar un determinado problema”, que son los algoritmos.

Actualmente y gracias a la potencia de procesamiento ofrecida por la informática, los algoritmos son también utilizados para conocer nuestros gustos y preferencias, a partir del análisis de las huellas que vamos dejando en nuestra interacción con el mundo digital.

Cada web que visitamos, cada clic, cada compra, cada película o serie que elegimos, e incluso el tiempo que nos detenemos para observar una página, se traducen en información a partir de la cual los algoritmos trazan nuestros perfiles personales, que luego se utilizan para personalizar la información que se nos ofrece, como contenidos alineados a nuestros gustos, productos que podríamos necesitar, lugares que nos gustaría visitar, etc.

Los algoritmos son un claro ejemplo de cómo, más allá del mundo virtual, nuestras acciones nos definen, nos contextualizan y, de algún modo, configuran nuestro mundo.

La denominada “zona de confort” se refiere a eso, no necesariamente a un lugar o situación en la que encontramos bienestar, sino a un estado al que estamos acostumbrados, habituados y que confirmamos con la repetición de nuestras acciones.

Llevado al mundo del trabajo, la rutina y la costumbre, muchas veces nos hacen permanecer años en una misma situación, en una zona de confort que lejos se encuentra de nuestras reales aspiraciones y deseos, y a la que quedamos atados por la continuidad de nuestras acciones.

Sería útil cuestionarnos de forma humilde y sincera sobre cómo nos sentimos ante nuestro presente laboral, como primer paso para, de ser necesario, emprender un proceso de transformación con el objetivo final de vivir una vida más plena.

Capacitarnos permanentemente, entrenar las competencias que creamos necesarias para alcanzar nuestros objetivos es una forma de romper con nuestro algoritmo, ya que el cambio en nuestras acciones traerá sin dudas cambios en los resultados, y seguramente siempre tengamos alguna competencia que mejorar o fortalecer. Desde luego que ningún cambio se da de forma inmediata y que modificar nuestras conductas requiere esfuerzo y dedicación.

Por eso el autoconocimiento resulta vital, porque si estamos convencidos de nuestra necesidad de cambiar, encontraremos allí el motor que nos dará la fuerza necesaria para actuar, para romper con los patrones que debemos modificar para poder avanzar.

Por otro lado, este proceso de indagarnos nos permitirá también conocer nuestras fortalezas y debilidades, conocer con qué recursos contamos para comenzar a gestionarnos de forma efectiva para evolucionar y alcanzar una mejora en el ámbito laboral. Estando atentos, también podremos captar información útil en nuestros vínculos, para tomar lo mejor de cada persona que nos regale una vivencia que nos permita crecer y mejorar.

Podemos tener dificultades, pero si estamos dispuestos a afrontar el trabajo necesario para concretar los cambios, mejorar es posible. Cada camino es único, así como son nuestros talentos, ambiciones y necesidades, y está en cada uno de nosotros la posibilidad de elegir cómo transitarlo, rompiendo con el algoritmo que nos encierra en nuestras propias repeticiones para despertar.

(*) CEO de GEA Logistics, Director de Movant Connection y autor de «Significación Laboral» y “Dejarse enseñar”.

Artículo publicado originalmente el 09/03/2021 en El Economista.