El riesgo de la frustración empresaria ante la digitalización del comercio exterior

La necesidad de optimizar costos y de dotar a las cadenas de abastecimiento de mayor agilidad y flexibilidad, sobre todo después de la experiencia Covid, impulsó los procesos de digitalización de las operaciones vinculadas con el comercio exterior en todo el mundo.

Una transformación que ya estaba en marcha y que se vio potenciada por la fragilidad que demostraron las cadenas globales ante hechos disruptivos, como los generados por la pandemia o el accidente y bloqueo del Canal de Suez, ante los que se visibilizó el valor de contar con cadenas logísticas para el comercio internacional capaces de brindar rápida respuesta ante nuevos contextos, sin resignar nivel de servicio. 

Se trata en esencia de integrar digitalmente a los diversos actores de la cadena para automatizar el flujo de la información, con el fin de facilitar la toma de decisiones y, como consecuencia, agilizar también el flujo de las cargas. Este proceso también incluye a los organismos gubernamentales y su burocracia administrativa, que representan un factor crítico en este sentido, ya que, por ejemplo, en la gran mayoría de los países de la región latinoamericana, es común que para una importación o exportación tradicional se requiera gestionar alrededor de 10 documentos o trámites con diversos organismos, muchas veces desconectados entre sí.

El avance inexorable y necesario de este proceso desafía a todas las organizaciones que participan del comercio exterior, ya que en un futuro cercano, deberán estar listas para integrarse digitalmente con el resto para no correr el riesgo de quedar fuera de la cadena.

Y esto es válido en todos los niveles, tanto para los grandes jugadores del comercio internacional, como para todas las Pymes que suman valor a los procesos de importación y exportación, y que también deberán estar digitalmente integradas porque todos los eslabones forman parte del movimiento de las cadenas de abastecimiento.

Primero las personas

Lamentablemente, muchas son las empresas que han fracasado ante el reto de la transformación tecnológica, por olvidar que su verdadera fuerza está siempre en los colaboradores y en los equipos de trabajo. Desde este enfoque la digitalización, antes que una renovación tecnológica, se trata de un verdadero cambio cultural que, de no transitarse, puede impedir cualquier posibilidad real de evolución.

Es por eso que el desafío tecnológico representa sólo una dimensión de este proceso, que sin duda tiene en su centro a la gestión de las personas, que son finalmente quienes deben lograr que las nuevas implementaciones aporten todo su valor.

La resistencia al cambio está presente en nuestra naturaleza humana y es bueno ser conscientes de esto, porque la implementación exitosa de cualquier proceso de transformación en las organizaciones requiere la aceptación y asimilación de las nuevas formas de operación por parte de los equipos de trabajo.

Este punto es de gran importancia, fundamentalmente porque el mundo de los negocios cada vez más parece confirmar aquella famosa frase del filósofo griego Heráclito, en la que sostenía que “nadie puede bañarse dos veces en un mismo río, porque aunque aparentemente el río es el mismo, sus elementos, su cauce, el agua que corre por él, han cambiado”.

La dinámica de los mercados se modifica continuamente y es clave que las organizaciones y su gente tengan la capacidad de adaptarse de forma efectiva. Tener una visión clara de este cambio es fundamental para quienes desarrollan el rol de liderazgo de estos procesos, así como poder transmitirlo y contagiar a los miembros de la organización es el primer paso para, luego sí, empezar a hablar de tecnología.

Sin embargo, hay que ser conscientes de que ninguna implementación producirá un giro de 180 grados. La digitalización es un salto importante, con alcance e impacto en tantas áreas y procesos que no podemos ignorarlo, pero tampoco podemos ignorar que no es realista creer que se trata de un cambio abrupto y total. La toma de decisiones, el liderazgo, nuestro modelo de negocios, nuestro knowhow, es decir, lo que somos mientras navegamos el cambio es lo que nos define como compañía. Para que los cambios tecnológicos se cristalicen en mejoras, debemos asegurarnos de construir sobre una base sólida.

Artículo publicado originalmente el 12 de junio de 2021 en Perfil.